Diplomacia de alto riesgo: Malvinas y la “misión venezolana de paz y solidaridad a Europa”

El trabajo de la diplomacia nacional, el rol del país caribeño en la causa Malvinas en medio de la dictadura militar a punto de caer

En abril de 1982, tras 150 años de reclamos argentinos, la histórica Cuestión Malvinas (1) tuvo un giro inesperado. Luego de un fuerte intercambio de acusaciones en las negociaciones diplomáticas por la disputa territorial, la sorpresiva Operación Rosario permitió la recuperación temporal del territorio en disputa, generando un fuerte impacto nacional e internacional.

En el epílogo de la dictadura militar, en una decisión anunciada e inesperada al mismo tiempo, los jerarcas de las fuerzas armadas organizaron un operativo conjunto para la recuperación de los archipiélagos y las áreas marítimas circundantes, reseña Infobae. 

Aunque en años precedentes los discursos castrenses sobre Malvinas sumaban menciones a la posibilidad de la recuperación por cualquier medio, ese accionar sorprendió a propios y extraños, dada la total asimetría de recursos, la crítica situación política de la Administración de Margaret Thatcher (que podría prever una reacción militar para salvar a su gobierno) y que el foco de la dictadura en materia territorial se encontraba en las islas australes, en disputa con Chile. El resultado de dicha decisión fue desastroso, una irresponsable aventura militar que, como bien lo señala el Informe Rattennbach (2), se llevó a cabo sin la preparación necesaria para un enfrentamiento de semejante magnitud.

La sordera del albañil

La dictadura militar –acorralada por una activa sociedad civil que luchaba contra la represión y que enfrentaba un fuerte rechazo popular por la debacle económica- apeló con cinismo oportunista a un último recurso para obtener el apoyo popular: la Causa Malvinas.

Aunque la gran mayoría de los líderes políticos y sindicales (3) apoyaron la aventura militar, hubo episodios paradójicos, de simultáneo rechazo a la Junta Militar y apoyo a la recuperación de la integridad territorial. El más significativo, quizás, fue la marcha de la Juventud Peronista porteña que el 2 de abril se congregó en la Plaza de Mayo para reclamar contra la represión para policial del 30 de marzo, que había sesgado la vida del albañil Dalmiro Flores, quien –por su sordera- no escuchó una orden policial. La Juventud Peronista estaba camino a la Plaza para reclamar por el crimen de Flores cuando supo del accionar militar, pasando de la protesta a la celebración (4).

La misión venezolana contra la prima terca

Si el conflicto armado impactó en todo el mundo, en la región latinoamericana se sintió especialmente. Semanas después de la recuperación de las islas y en medio de la escalada militar británica, el asunto era tema de debate central en la política venezolana. Venezuela había sido especialmente sensible con el accionar de la dictadura argentina, recibiendo con generosidad a los perseguidos, proveyendo de apoyo y trabajo a miles de argentinos.
Ante la crisis, el presidente Luis Herrera Campins conformó en mayo de 1982 “la misión de Paz y Solidaridad” con la finalidad de recorrer un conjunto de países europeos para exponer la posición de Venezuela respecto al conflicto de las Malvinas. Para esto, creó una delegación nacional (no oficialista, sino con representantes de otros partidos políticos), que contó con fondos y la estrategia política del gobierno venezolano.

El 8 de mayo de 1982, en un “Consejo de ministros especial”, el presidente LHC asume una postura de indudable apoyo: no podemos darle la espalda a Argentina, independientemente de que son militares, una dictadura que busca hacer una jugada, en el fondo, para ganarse al pueblo, independientemente de todo eso, nosotros tenemos que apoyar a Argentina, es una locura lo que están haciendo los británicos… han dividido el mundo como les dio la gana y hay que sacar una misión que el Dr. García Bustillo va a coordinar.(5)

La misión pluripartidista estaba conformada por los jefes de todos los partidos de Venezuela para la fecha que contó con el apoyo de cada una de las embajadas de Venezuela en cada país que visitaron. La delegación -que estaba presidida por el Ministro de la secretaría de la presidencia, Sr. Gonzalo García Bustillos- contaba asimismo con Pedro Pablo Aguilar (COPEI), Enrique Tejera Paris (representante de AD), el diputado Germán Lairet (Movimiento al Socialismo), Rafael Tudela (representante de los independientes y del sector empresarial), el Ministro Consejero Roy Chaderton (Director de política exterior de la Cancillería) y José Antonio Rodríguez (Secretario del consejo de ministro y secretario de la delegación).

La misión, que tuvo una duración de 17 días, se inició en España, donde tuvo la mejor recepción en toda Europa. Ni el Rey Juan Carlos ni el Primer Ministro Leopoldo Calvo Sotelo se pronunciaron públicamente y no permitieron tomar fotografías de los encuentros. Sin embargo, el rey se pronunció en privado diciendo mi prima es una terca, no quiere entender que ese imperio se está desmoronando y viene a querer mantener a como dé lugar unas islas de las que ni siquiera se ocupan de ellas, encima por el orgullo de la señora Thatcher”.

Luego se encontraron con ex presidente Adolfo Suárez y con Felipe González, ascendente líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quienes brindaron su apoyo a la causa argentina y les recomendaron a los venezolanos apoyarse en liderazgos más radicales. La delegación se encontró entonces con el mítico Santiago Carrillo quien sostuvo que España debía involucrarse directamente en la cuestión y apoyar a la Argentina.

Luego intentan visitar Londres, pero Thatcher congela todo acercamiento. En medio del maltrato británico, un miembro de la delegación recibe de espías soviéticos fotos tomadas por satélites estadounidenses con los movimientos en Malvinas. La situación escala.

Al día siguiente, Gonzalo García Bustillo recibe una llamada desde el Consejo de Estado en La Habana. El Comandante Fidel Castro Ruz propone escalar el conflicto de manera global. La delegación venezolana comparte cada detalle con el Palacio de Miraflores y el presidente Herrera Campins sugiere cautela: esto podría escalar a un conflicto en el cual podría tomar unas dimensiones impredecibles.

Llegan a Francia, donde se encuentran con una recepción fría y antipática: ustedes son bienvenidos pero aquí no se habla del tema de las Falkland, a lo que Gonzalo Gómez Bustillo responde no venimos a hablar de las Falkland, porque para nosotros sólo existen las Malvinas. La delegación recibe la noticia de que –luego de la áspera conversación en París- Alemania suspende la reunión en Bonn. El objetivo de la misión se empantana. LHC Campins sube la apuesta: “dile a los franceses que numero uno: tenemos una compra de armamento pendiente, y número dos: se salen mañana del metro de Caracas y de todas las inversiones de Yacambu y el Gurí.

La posición francesa cambia, de la noche a la mañana. Una serie de emisarios políticos y militares se acercan a la delegación. Un alto funcionario de la compañía aeroespacial francesa se entrevista con ellos y le refiere que Venezuela tenía una negociación por 2.500 millones de dólares de unos aviones Hawk (británicos). El embajador venezolano en Francia, el general Paredes Bello, se involucra en la conversación: imagino que ya no vamos a comprar los aviones Hawk, evaluemos los aviones y las armas francesas. Un militar francés, que había permanecido callado, mejora la propuesta: los misiles de esos aviones llevan un serial, en nombre de la solidaridad latinoamericana, ustedes podrán contar con ellos. Esa propuesta es aceptada y los misiles tienen distintos destinos, algunos que aún permanecen en secreto. La delegación tiene un respiro y los emisarios, sonríen, satisfechos.

El gobierno alemán cambia de posición y se compromete a recibirlos. Sin embargo, la recepción fue distante. La posición de Bonn es de franca animadversión. La delegación brinda cada detalle a Miraflores. El presidente Herrera Campins tiene otra carta guardada: era ex compañero de estudio del presidente alemán Karl Carstens. LHC le dijo a Gonzalo hazle llegar al presidente de Alemania que él quiere venir en visita oficial y que creo que no va a ser posible si siguen asumiendo esa actitud. Asimismo, dijo voy a revisar todas las inversiones alemanas en Venezuela. La posición alemana cambia, levemente, aunque públicamente mantienen equilibrio con Londres. La delegación llega luego a Bruselas y el gobierno belga le brinda una parca recepción: la recepción fue como un vaso de agua, inoloro, incoloro e insípido, afirma un protagonista.

Al llegar a Italia la situación fue muy diferente. La delegación fue recibida por el presidente de Italia Sandro Pertini. Sentado en un gran salón, el presidente afirma gracias a Dios que existen ustedes, que les echen una mano a nuestros hijos argentinos. El presidente –una figura muy valorada en toda Italia- explica que las monarquías son una cosa problemática, para luego contar los detalles de su intercambio epistolar con el Rey Humberto de Saboya, exiliado en Portugal, quien sigue sin reconocer a la República. Luego mantuvieron una reunión muy cordial con el primer ministro italiano Bettino Craxi.

En el Vaticano los espera el Papa. Tras una larga serie de ceremonias protocolares, los emisarios se reúnen con un afable Karol Wojtyła, que les habla de la paz y se involucra en el conflicto de soberanía sobre Malvinas. Juan Pablo II conocía bien la dinámica regional, ya que había cumplido un rol de crítica importancia para frenar la inminente guerra entre Argentina y Chile en diciembre de 1978.

Al final, los esperaba la reunión más importante, en la residencia de Vicente Abreu, el embajador de Venezuela en Bélgica. Allí se reunieron con todos los embajadores de Venezuela en Europa para una reunión exclusiva sobre la cuestión Malvinas, donde compararon gestiones, discutieron el texto de las notas enviadas y evaluaron más medidas conjuntas. Todos los diplomáticos mostraban gran entusiasmo, salvo el embajador venezolano destinado ante el Reino Unidos, quien se mantuvo circunspecto. Tiempo después de esta reunión fue removido de su puesto por el presidente Herrera Campins.

El conflicto del Atlántico Sur cambió la historia de Argentina para siempre: la derrota militar marcó el fin de una atroz dictadura que asoló a su propia población, cambió el modelo económico productivo por uno especulativo y convirtió al país en un paria internacional.

La aventurada decisión de retomar el ejercicio efectivo de las islas ha sido evaluada de distinto modo, conforme la democracia se afianzaba en el Cono Sur. Del foco inicial en el aventurerismo militar se pasó a la reivindicación del coraje de soldados y oficiales argentinos que se enfrentaron a un enemigo indubitablemente superior. La historiografía ha revisado una y otra vez la decisión de la dictadura. Algunos, incluso, afirman que en ese accionar por ese reclamo –la malvinidad, dice Miguel Ángel Trinidad- hay un atisbo de ansiada unidad nacional.

La sociedad comenzó un lento proceso de apropiación de la Cuestión Malvinas: se multiplicaron los homenajes a los combatientes en los pueblitos del interior, se incorporó la disputa territorial a la vida cotidiana y se mantuvo una política de Estado, con matices pero con coherencia, en el reclamo diplomático en todos los escenarios internacionales. La literatura académica (indiferente hasta el año 2000) mostró interés. La antropóloga Rosana Guber nos explicó como los chicos de la guerra devinieron veteranos héroes de la Patria.

Hay, como esta, muchas historias de solidaridad y de coraje. Pueblos y gobiernos que apoyaron a la Argentina, aún en pleno dilema de cómo auxiliar a una atroz dictadura militar ante un reclamo legítimo. El gobierno venezolano –que antes y después siempre apoyó la Causa Malvinas- resolvió ese dilema de un modo práctico: la Argentina necesitaba que alguien –por fuera de los impresentables militares- explique sus argumentos ante las potencias europeas. Y necesitaba armas.

Hace 40 años, el gobierno de Luis Herrera Campins usó todos los recursos materiales y simbólicos a su mano para ayudar a la Argentina en esa cruel encrucijada. Fue un esfuerzo encomiable y generoso, que enfrentó desafíos y llevó adelante delicadas negociaciones que se han mantenido en secreto. Hasta ahora.

Artículo publicado originalmente en el diario El Universal

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