Obituario sobre Alberto Granados: El largo adiós del gitano sedentario

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Conocí a Alberto Granados en La Habana.  Tuvimos varios amigos en común en los años felices en que formé parte de la colonia argentina en Cuba.

Lleno de historia a sus espaldas, portador de ese estilo campechano con el que transitan la vida los que lo han visto todo, era un soberbio jugador de truco y un compulsivo tomador de mate. Formaba parte de la histórica comunidad argentina en la Isla, compuesta por sucesivas oleadas de compatriotas que llegaron desde nuestro país persiguiendo distintos anhelos o huyendo de diferentes pesadillas.

Granados fue de los primeros en integrar un  grupo al que se le agregó luego una lista de médicos, periodistas, educadores, empresarios, artistas,  una larga serie de notables representantes nacionales que se incorporaron a la sociedad cubana con la ventaja del prestigio que gozaba la Argentina de los años 60 y 70 en toda América Latina.

Durante décadas, los cubanos habían recibido las ideas y los productos culturales argentinos con la devoción de un pueblo sensible y fue en ese ambiente en el que Granados desplegó su histrionismo argento, su sólida formación profesional y su vocación militante por esa tan radical pieza de ingeniería social que fue la Revolución Cubana.

Por razones que llevo años tratando de dilucidar, como los otros argentinos que habitaron esa Isla, Granados combinó una perfecta adaptación a la cubania con la preservación de una argentinidad inmaculada en sus gestos y en sus gustos.

Ese argentino en el Caribe era también, claro, el amigo de Ernesto Guevara de la Serna, un dato que modifica para siempre cualquier vida. Una vez contó que su último contacto con el rosarino más famoso fue una dedicatoria en la portada de un libro en la que el “Che”, rumbo a Bolivia, a su destino y a la Historia, ironizó “Te espero gitano sedentario, cuando el olor a pólvora amaine”.

Aunque más tranquilo que el implacable rugbier asmático que se convirtiera en símbolo de todos los asaltos al cielo, formó parte de una generación llena de convicciones. Quizás, bien mirado, con demasiadas convicciones y, por tanto, algo falta  de dudas y de tolerancia.  Eso, que es cierto, es algo que resulta más fácil de sostener en una época que ya no está atravesada por la Guerra Fría y las dictaduras pretorianas.

** FILE ** In this handout picture from Focus Features, 23-year-old medical student from Argentina, Ernesto "Che" Guevara (Gael Garca Bernal, front) travels across South America with his friend Alberto Granado (Rodrigo de la Serna), in "The Motorcycle Diaries." The movie swept top honors at the 20th annual Imagen Awards on Friday, June 17, 2005 , including best picture, director and supporting actor. (AP Photo/Focus Features)

En diciembre de 2007, leyó un mensaje que le mandé al Chacho Schaller, otro entrañable argentino que vive en la mayor de las Antillas, ironizando sobre los distintos modos de la derrota (política, deportiva, sentimental). Luego de leerlo, Granados sonrió y dijo: esta lista de derrotados está muy bien, pero le faltan los motociclistas.

Nueva York, marzo de 2011

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